sábado, febrero 26, 2011

Estrés Post-Virtual


Elimar Bello T.

    Una de las frases más comunes cuando tenemos entre nueve y diez años es: “¡odio a mi maestra!”. A esa edad se suele iniciar la segunda etapa de la Escuela Básica en Venezuela, por ello no es extraño que las exigencias académicas se incrementen y, obviamente, los maestros se tornan más intolerantes con los chicos, cuyas actitudes comienzan a ser más desafiantes. Tal situación provoca momentos alucinantes en los más jóvenes quienes, asustados, comienzan a evadir las responsabilidades académicas sumergiéndose en las actividades que ofrezcan mayores “emociones”.
    Mi nativa digital se dedica a los videojuegos, en este momento su gran distractor es un juego de simulación en el que crea personajes, entornos e historias que aparentemente no son más que una replicadle típico juego de simulación que se inicia con aquello de “vamos a jugar a que yo soy…y tú eres”. Hasta este momento todo luce inofensivo, lo interesante se inicia cuando leo en la página web del juego el lema publicitario con el que lo comercializan: “Juega a la vida”. Tal lema me obliga, (como migrante digital), a analizar lo que hace mi hija con los personajes que crea. Debe alimentarlos, enviarlos al baño, distraerlos, obligarlos a socializar e incluso instarlos a sostener relaciones sexuales. Todo muy realista hasta ahora, a veces demasiado, pero en el mundo real los niños que pasan muchas horas en la red están expuestos a demasiadas muestras de realidad explícita a través de las páginas para adultos que abundan en el ciberespacio.
    Sin embargo, ese no es el punto de nuestra reflexión de hoy, ya que mi pequeña nativa digital me ha mostrado otras posibilidades de los videojuegos y particularmente de este juego de simulación.
   Después del consabido “odio a mi maestra”, la reacción fue inesperada: “voy a hacer un personaje en el videojuego y me voy a vengar”. Para mi sorpresa diseñó un personaje bastante parecido a la docente que amargaba sus mañanas, la bautizó con el mismo nombre de la educadora y le compró un calabozo sin cocina, nevera ni baño. Con curiosidad me preguntaba qué pensaba hacer, y con su tierno rostro me decía: “la voy a dejar morir, no he decidido cómo, por ahora la tengo en el calabozo”.
    Sinceramente no creí que tendría valor para hacer eso al personaje que había creado, intenté negociar con ella para que no eliminara al personaje (no sé, tal vez hacerle la vida difícil y no cumplirle los deseos sería más que suficiente).
    Al día siguiente, cargada del pesar por los regaños que recibió en la mañana, encendió la computadora, colocó el CD con el video juego y me invitó a ver “morir” de hambre a su personaje. Me sentí en la Edad Media, en plena plaza pública, observando la ejecución de un hereje a manos de los verdugos de la Inquisición. La agonía del personaje virtual me remordió la conciencia, pero mi pequeña nativa digital no parecía sentir el más pequeño asomo de remordimiento.
    Enseguida, mi mente racional buscó una justificación en el arsenal lógico que siempre me acompaña y llegué a la siguiente conclusión: si tanta violencia contenida puede ser desahogada ante la pantalla del computador, tal vez los videojuegos ejerzan un efecto terapéutico en algunos nativos digitales, invirtiendo el efecto que puede tener la violencia sin sentido de aquellos que no son capaces de reenfocar sus odios.
     La nativa digital quedó aliviada, totalmente consciente de que se trataba de un videojuego. Finalmente, ¡el estrés postvirtual es todo mío!
23/02/2011

miércoles, febrero 09, 2011

El Analfabetismo Funcional


Elimar Bello T. 
El analfabetismo es un problema para cualquier país en desarrollo. El no saber leer ni escribir puede colocar en situación de minusvalía a las personas que no han aprendido estas habilidades básicas, a ellos se dedica gran cantidad de programas que busca insertarlos, de alguna manera, en el terreno de los alfabetizados. Este es un problema que detectamos, analizamos e incluso buscamos solucionar, pero mientras la cantidad de analfabetas disminuye, la cantidad de analfabetas funcionales aumenta considerablemente.

Los analfabetas funcionales no están en un determinado estrato social, no han carecido de educación ni están excluidos de las universidades. Analfabeta funcional puede ser cualquier persona que, a pesar de saber leer y escribir, presenta dificultades a la hora de comprender textos escritos. Sí, ese muchacho que acaba de ingresar a la universidad, esa joven secretaria que no ha terminado el bachillerato porque le da flojera y el ingeniero mecánico que no lee porque le da sueño, son analfabetas funcionales.

Algunas estadísticas indican que la mayoría de la población sólo puede comprender el 31% de los textos que lee, por lo tanto tiene dificultades para aprehender y relacionar lo leído con sus conocimientos previos. Lo mismo sucede a la hora de responder preguntas y emitir opinión acerca de lo que leen. Esto, aparentemente no es un problema porque somos fundamentalmente visuales y, a la hora de comunicarnos, preferimos la oralidad antes que la escritura, pero existen situaciones en las cuales el individuo es evaluado por lo que lee y escribe, ¿cuántas veces hemos escuchado de personas que son rechazadas en un empleo por no comprender adecuadamente alguna pregunta de la planilla de solicitud?, ¿cuántas veces nos hemos preguntado por el significado real del texto que estamos leyendo?.

Son muchos los factores que pueden incidir en el crecimiento desmesurado del analfabetismo funcional en Venezuela, uno de ellos es la preferencia por lo audiovisual antes que por lo impreso, es decir, entre la televisión y el periódico, gana la televisión; entre la versión fílmica de “El Señor de los Anillos” y los tres tomos de la versión impresa, gana el film.

¿Qué podemos hacer ante esta realidad?. Mucho se ha dicho acerca de la necesidad de incentivar e incrementar el hábito de la lectura entre los niños y jóvenes, es decir, de alguna manera todos estamos conscientes de que el analfabetismo funcional es una realidad cotidiana e intuitivamente sabemos que la lectura de diferentes tipos de texto puede contribuir a disminuir los índices del mismo. Reconocer esto es el primer paso para determinar hasta qué punto estamos dispuestos a mejorar nuestros problemas de comprensión. No se trata de ser restrictivo, ni de juzgar o etiquetar a las demás personas, se trata de reflexionar y actuar en pro de una disminución del analfabetismo funcional en Venezuela, se trata de empezar por nosotros. Sólo la persona que reconoce sus limitaciones es capaz de buscar soluciones, mejorar e incluso incidir en los que le rodean.
(2004)
Publicación de Notas Parciales, sección 2D

Hola chicos, acabo de publicar como prueba las calificaciones de la sección 2D. Tomen en cuenta que son notas parciales, todavía me falta terminar de pasar las calificaciones para obtener los resultados definitivos. Un abrazo,

Prof. Elimar